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Sí hija, sí. La vida pasa en un plis plas. Un día estás tomando la primera comunión y al siguiente estás soplando una tarta con cincuenta velas. Así es. Tempus fugit, que dijo Virgilio. El tiempo vuela y nosotras con él. Y cuando te quieres dar cuenta estás menopáusica perdida.
Ojo, eh? Que digo “menopáusica perdida” sin ánimo de ofender. Que últimamente estamos todos, todas, todes muy sensibles, sensiblis, sensiblus y cualquier cosa nos suena a desprecio, discriminación o burla. Y no. “Menopáusica perdida”, en este caso, no es un insulto sino un estado de ánimo: el mío.
Ayyyy la menopausia… Del griego men, menos y de pausis (cese del mes o menstruación). Palabra tabú. Fase vital por la que todas las mujeres pasamos y de la que nadie habla. Silenciada. Obviada. Vilipendiada. Etapa de la que siempre has oído hablar pero a la que nunca has dado la más mínima importancia hasta que de repente, alrededor de los cincuenta, año arriba año abajo, empiezas a notar cosas raras en tu cuerpo, tu mente y tu espíritu. Y te preguntas: ¿pero qué me está pasando?